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jueves, 26 de diciembre de 2013

Qué 26 años no es nada...

“Yo no soy moderno. Yo soy yo, ¿me entendés?”
Eterno como todo mito, Luca Prodan no ha muerto. Su esencia permanecerá entre nosotros en la medida en que alimentemos la nostalgia de sus canciones.
La figura de Luca es hoy la reconstrucción colectiva de todos aquellos que lo conocieron a través de su música.
El líder de Sumo murió un 22 de diciembre de 1987 en Buenos Aires.
Había llegado al país en 1981 en un viaje urgente, un manotazo de ahogado de quien ya siente el amargo sabor del final en los labios.
Luca no vino a hacer música a la Argentina. A pesar de sus demonios, y no gracias a ellos, fue que encontró tierra fértil para sus apetitos de artista.
Por esas cosas del talento y el caos, Sumo se convirtió en un éxito con raros precedentes dentro de la historia del rock nacional. Aunque Prodan nunca llegó a considerarse a sí mismo una estrella del rock vernáculo. La sola idea de darle forma al “rock nacional”, como concepto estético, le parecía risible e imposible. El rock es en inglés, aseguraba.
Entonces Sumo era, al menos al principio, una banda de argentinos, italianos e ingleses que a la hora de tocar hablaban el idioma de Muddy Waters, los Sex Pistols y los Rolling Stones.
 



Luca fue una persona entrañable. La respuesta solidaria de quienes lo conocieron, en distintos momentos de su vida y en distinto grado, prueba su capacidad para acercarse al otro. Por amor o hastío, Luca lograba hacerse notar.
Un conocido de la familia de sangre azul le compró el pasaje a Buenos Aires. Una vez en la Argentina Timmy McKern lo recibió en su casa de las Sierras de Córdoba. De a poco Luca recobró fuerzas y comenzó a cantar y a componer, dos cosas que en verdad lo definían como ser humano. El resto es historia.
Parece increíble que alguien –un artista o un ingeniero, da igual– pueda dejar una huella tan profunda en la cultura de un país en tan escaso tiempo.
La potencia, la sensibilidad y inteligencia de su música se proyectaron, en adición, en la construcción del mito. Aunque Luca siempre demostró ser bastante preciso en cuanto a los datos de su biografía, su camino resultaba increíble, quizás demasiado para los estándares locales de la juventud de la época. Pero era cierto.
La familia de Luca tenía una excelente posición económica en Italia, estudió en el prestigioso colegio Gordonstoun, del que se escapó para espanto de los suyos, fue parte de la movida rock punk londinense y llevaba el genio de la música en la sangre. De haber sobrevivido a su dolor, cosa que hoy en perspectiva parece muy improbable, Luca Prodan tal vez se habría marchado un día de la Argentina, a otro continente, y también allí sus nuevos huéspedes hubieran dudado de la veracidad de sus recuerdos.
La fractura original que sin demora lo condujo hacia la heroína y más tarde al alcohol nunca podrá ser del todo comprendida. Las interpretaciones más sutiles, más delicadas, quedaron, quedarán para su padres, Mario Prodan y Cecilia Pollock, y sus hermanos, Michela, Claudia y Andrea. Para una mente brillante como la suya todo era posible y así ocurrió. Pero, por encima y por debajo de la herida, Luca era música en esencia. Se lo escucha cantar en los viejos registros en Super 8 que andan dando vueltas en youtube, en los tracks de “Corpiños a la madrugada”, entre otros discos rescatados, en los cassettes que enviaba a sus familiares a modo de cartas. Improvisaba al piano, jugaba con la sonoridad de las palabras, hacía coros en las conversaciones de la tarde, susurraba melodías, reía canciones. En el muy buen documental de Rodrigo Espina, “Luca”, hay bastante material para deleitarse sobre este punto.
Como presintiendo que su vida iba a ser corta, Luca compuso mucho y sin pausa. De la mano de sus canciones, como de ciertos libros, nosotros también vamos hacia nuestro propio destino. 




miércoles, 11 de julio de 2012

Un viaje al pasado con el rock en tiempo presente



Esperar su continuidad a lo largo del tiempo hubiera sido un acto de optimismo imperdonable. Hoy no nos extraña que Paul McCartney viva en gira perpetua, pero tanto los Rolling Stones como The Beatles debieron sobrevivir a los imaginarios colectivos que en los 60 y los 70 aseguraban que era mejor morir joven y glorioso que viejo, olvidado y repetitivo.
La permanencia de los Rolling Stones tiene varias explicaciones. Una de ellas está vinculada a los propios orígenes musicales de la banda. Su pasión por el blues y por el jazz americano los hizo partícipes de una forma de entender el arte. Ellos como B. B. King, Muddy Waters, John Lee Hooker, entre una larga lista, han cultivado su carrera con una extraña paciencia muy poco vista en el rock. Es como si detrás de la parafernalia y los trucos de la industria que los ampara y los utiliza hubiera una sabiduría de corte oriental que trasciende todo esto. Que trasciende también las expectativas que todos han puesto y seguirán poniendo en la banda más grande de rock de la historia.
La otra razón que explica su longevidad tiene que ver con la transformación del negocio del cual forma parte. Porque los Rolling Stones todavía son uno de los animales que la industria lleva bordado en su escudo. Más allá de que Mick Jagger y Keith Richard puedan ser considerados como hombres hechos en materia de dinero, ambos se deben tanto a su público como a la rueda del show bussiness. Un sistema pensado para reproducir la idea original: vender discos, canciones, DVD y shows. Cada vez que los Rolling Stones salen de gira el negocio se conmueve. Millones de personas en el mundo son atraídas para participar del ritual, de esta fiesta pagana donde se ponen en juego hasta los sentimientos. Porque sin vender su alma a ningún otro diablo que no sea la propia sacralización de su imagen, los Rolling continúan en carrera. A esta altura, sólo se espera de ellos que rompan nuevos récords. Irónicamente no girarán este año que subraya una cifra redonda, pero ahora las apuestas están ubicadas justo en la vereda opuesta. Si Richard no se cae de un cocotero, si Jagger continúa su saludable rutina aeróbica y si Charlie Watts no se pierde por ahí, la banda se mostrará una vez más, a todo vapor a la altura de nuestras cabezas, en el 2013 y sus sucesivos.
Abuelos eternos lanzados al espacio como un cometa sin tiempo.



viernes, 1 de junio de 2012

Cada vez que te escucho



Cada vez que respiras, temazo de The Police del año 1984. Album Sincronicidad y quizá el mejor tema de esta banda.
Y hablando de temas y de bandas, hay ocasiones en que otras bandas o vocalistas deciden interpretar o versionar con distinta suerte temas instalados en el inconsciente colectivo. Temas que se han transformado en clásicos con el correr del tiempo. Y generalmente estas versiones no superan a las anteriores. No por la incapacidad de quien o quienes la interpreten, sino porque el original tiene ese no se que difícil de explicar. Quizá porque han retumbado en nuestros oídos durante años. Quizá porque esa melodía nos a quedado grabada a fuego. Y cuando escuchamos estos temas versionados de una manera distinta nos producen distintas sensaciones. Y en este caso existe una historia, un porqué.
Corría el año 96 y era asesinado de tres balazos Tupac Shakur, el rapero que más discos ha vendido en la historia de la música con algo más de 120 millones de copias alrededor del planeta. Era la época dorada de este género musical que facturaba millones y que había dividido a los Estados Unidos en dos. El este y el oeste. Y a partir de este suceso las acusaciones y las escaladas de violencia se convirtieron en algo cotidiano. Hasta que un año más tarde, en 1997, en Los Angeles fue asesinado Notorius BIG, íntimo amigo de Puff Daddy.
Y a raíz de este deceso surge esta mágica melodía de Puff Daddy junto a la hermosa Faith y un increíble coro gospel. Dedicado a Notorius BIG, una versión quizá mejor que la original, I' ll Be Missing You.


jueves, 26 de abril de 2012

Studio 54 o el paraíso de los excesos




El 26 de Abril de 1977 abría sus puertas una legendaria discoteca bautizada como Studio 54. El lugar elegido fue el ex estudio 52 de radio y televisión de la cadena CBS, en Manhattan.
Y los "culpables" de esta romántica idea fueron el excéntrico y abiertamente homosexual Steve Rubell y su íntimo amigo, de perfil más bajo, Ian Schrager.
Esta sociedad tenía una discoteca en Queens y fue Carmen D'Alessio, la relacionista pública de Valentino, quien les sugirió trasladarla a Manhattan para crear un ambiente más chic en la ciudad de New York.

Cursadas miles de invitaciones, en la inauguración dijeron presente Mick Jagger y Bianca (en ese momento su pareja), Salvador Dalí, Liza Minnelli, Donald Trump, Debbie Harry (cantante de Blondie), Brooke Shields y un larguísimo etc. 
Y también muchos quedaron afuera como Warren Beatty, Cher, Woody Allen, Frank Sinatra, porque el excéntrico Rubell, saliendo a la puerta abarrotada de gente, decidía al azar quién entraba y quién no a su club. Este sería el sello de Studio 54.
La idea de Rubell no era casual. Estaba convencido de que los extremos eran el camino a la perfección. Por eso buscaba un mix entre desconocidos con muy buena presencia y glamorosas celebridades. Pero en realidad la finalidad de este cóctel era más carnal que espiritual, ya que Rubell le ofrecía a sus clientes Vip un ambiente repleto de jóvenes desconocidos para que quedaran a salvo de los flashes fotográficos.




Esta disco representaba el paraíso de los excesos en su máxima expresión. Funcionaba en un viejo teatro con palcos que se hicieron muy conocidos por los encuentros sexuales y por el uso ilimitado de drogas. A tal punto que la pista de baile estaba decorada con una imagen de la Luna con cara de hombre, la cual inhalaba cocaína.
Rápidamente los famosos como Yves Saint Lauren, John Travolta, Grace Jones, Donna Summer, Alice Cooper, Al Pacino, Bette Davis, comenzaron a ser habitués de Studio 54. Era el lugar donde había que estar. Estaban todos los famosos, todos los contactos...estaban todos.
Esta fama permitió que Studio 54 facturara en su primer año nada más ni nada menos que 7 millones de dólares. Y también que la dupla Rubell-Schrager fueran detenidos por evasión de impuestos ( por algo así como 2 millones y medio de dólares).
Cuenta la leyenda que tras el allanamiento se encontraron detrás de las paredes grandes cantidades de dinero y de cocaína.
Pero había lugar para una fiesta de despedida que se la conoció como "El final de la Gomorra moderna", con mucho glamour como debía ser y con muchas celebridades también como Diana Ross, Ryan O'Neal, Jack Nicholson, Richard Gere y Silvester Stallone.
Es indudable que Studio 54 hubo sólo uno en donde los excesos encontraron su paraíso.


La emergente música disco le debe y mucho a esta discoteca. Por ejemplo Blondie, sumada a la movida disco, grabó su eterno clásico "Heart of Glass" en Studio 54.


sábado, 21 de abril de 2012

Hoy como ayer



El 21 de abril de 1959 nacía en Inglaterra Robert Smith.
Personaje carismático si los hay y gran músico. Líder de The Cure, banda con la cual graba en 1979 su primer trabajo: “Three Imaginary Boys".
Desde entonces han vendido más de 27 millones de discos en todo el planeta manteniéndose fiel a su público, a su estética, a su música. En definitiva, a su esencia.
Un genio para muchos, ingenuo para otros, incomprendido por unos, idolatrado por otros. Lo que es indiscutible es que es uno de los grandes artista de los 80 y que con su voz y magnetismo nos ha traslado siempre a otros mundos. Ojalá pudiéramos entrar aunque fuera por unos minutos en el suyo.



viernes, 9 de marzo de 2012

Hoy como ayer

El 9 de marzo de 1987, hace nada más ni nada menos que 25 años, U2 publicaba The Joshua Tree, un excelente trabajo del cual alguna vez hicimos una reseña.
Si querés recordarla pinchá acá.



jueves, 26 de enero de 2012

ABBA recargado



En épocas donde la música parece encontrar en lo retro su mejor negocio, vaya uno a saber el porqué, aparece quizá la figurita más difícil.
El grupo es sueco y su nombre es ABBA. Y no hace falta explicar quienes son ni que hicieron.
La gratísima noticia es que publicarán su primera canción inédita en casi veinte años con el relanzamiento de su último disco "The Visitors" y que se pondrá a la venta el 23 de abril.

El tema es "From a Twinkling Star to a Passing Angel", un popurrí cuya maqueta aparece en el material extra de la reedición de "The Visitors" y que fue publicado originalmente en 1981.
Este es uno de los siete temas extra que aparecen en esta reedición -los otros seis ya habían sido publicados anteriormente- y que acompañan a las nueve canciones de la edición original del álbum.
El relanzamiento se completa con un DVD que contiene actuaciones televisivas del grupo, de cuya separación se cumplen treinta años en 2012. Casi nada.


martes, 3 de enero de 2012

Los dueños del soul blanco



Claudio Andrade

Simply Red parecía venir de un lugar muy lejano. Eran ingleses pero su interpretación de la música negra estaba tamizada por una inusual elegancia. Es como si la hubieran vestido para un encuentro romántico sobre la playa, junto al fuego. Una postal.

El sonido de Simple Red, traducido en la voz inigualable de Mick "Red" Hucknall, fue siempre una utopía. Un paisaje que no estaba allí. No antes de que aparecieran en la escena musical. La textura de sus canciones tienen mucho del soul de los 70 pero mixturado con ideas acústicas propias del reggae y el pop de los 80.

Simple Red era la alta cocina servida con una sonrisa amorosa. La caricia delicada bajo la lluvia. Vendieron millones y millones de disco y nunca abandonaron la honestidad de su estilo, una estética que en definitiva se convirtió en un clásico. Cuando el grupo se separó a fines de 2010 su marca ya había quedado registrada en la memoria de quienes fueron sus seguidores adolescentes en los 80. En 2009, la última versión del grupo con “Red” al frente, se presentó en Viña del Mar y ofreció uno de los mejores recitales en la historia del evento. Un lujo, con la corbata suelta.




martes, 29 de noviembre de 2011

Virus: la magia y el erotismo en los 80




Por Claudio Andrade

El glamour matizado por la noche porteña, pudieron ser dos de los elementos genéticos que provocaron el nacimiento de Virus. Su sonido estaba cargado de matices generacionales propios del rock inglés de los 80 pero a la vez poseía un indiscutible sello pop bien argento.
Federico Moura marcaba la diferencia al frente de la banda, otorgándole carisma y verdadero estilo al producto final: un conjunto de canciones que pasarían a integrar las listas de clásicos del rock con mayúsculas y en castellano.
Virus es la adolescencia, la magia de una tierra perdida y la exuberancia del amor joven. El amor y la decepción están profundamente arraigadas a las letras del grupo. El morbo erótico desplegado en una época donde todavía ciertas rebeldías estaban mal vistas.
Su disco Virus Vivo figura entre lo mejor y más logrado del rock nuestro de ayer y, por supuesto, de hoy.
La muerte de Moura, junto con la de Luca Prodan y Miguel Abuelo, con escaso tiempo entre sí, conforman un coro de silencios que sólo podemos matizar escuchando su música de cuando en cuando.


martes, 22 de noviembre de 2011

¡¡ Feliz día de la música !!



Es imposible para cualquier mortal elegir el mejor tema que haya escuchado en su vida. Máximo teniendo en cuenta que muchas veces el mejor tema que escuchamos no tiene que ver con su calidad compositiva sino con momentos, con sensaciones, con recuerdos.
Por eso un tema que siempre me gustó y mucho -y que quiero compartir con todos ustedes- es "Last train to London".
Porqué tiene que ver y mucho con eso: con recuerdos, con sensaciones. Principalmente con algo que fuimos perdiendo lentamente. Y era el paso obligado por una disquería aunque sea una vez por semana. Para ver que había llegado, que nuevos sonidos, que nuevas bandas. Y la experiencia única de tener en nuestras manos un vinilo cubierto de mucha información y arte en 40 cm por lado. 
Que nos permitía conocer y ver a quienes ibamos a escuchar en épocas en que la MTV era sólo un sueño. Las tapas de los vinilos eran el DNI de cada artista.
Y mi primer disco fue "Discovery", de Electric Light Orchestra. Qué lo escuché una y mil veces el primer día antes de pasarle alcohol con algodón y guardarlo prolijamente en el estuche de nylon que precedía a la cartulina. 
Qué me permite hoy, después de varios años y canas también, disfrutar esta dulce melodía con mi hijo y decirle: "este temazo que estamos escuchando y que tanto te gusta tiene nada más ni nada menos que 32 añitos". ¡¡Qué tal!!

¿Te acordás cuál fue tu primer vinilo? ¿Cuál es el mejor tema en la historia de la música?


jueves, 22 de septiembre de 2011

Una promesa




Por Claudio Andrade

Los INXS no cumplieron con algunas de las principales expectativas que se habían depositado sobre ellos como banda emergente de rock.
En los 80 se decía que tenían todo para apuntarse en esa lista apretada en la que apenas si caben The Beatles, Rolling Stones y U2. Pero lo cierto es que INXS no lo tenía todo. Le faltaban demasiados elementos musicales, compositivos, para convertirse en una leyenda mayor.
Su música era entretenida, enérgica y contagiosa pero no pasaba de ahí. Es decir, sus canciones carecían del pulso vital que las vuelve trascendentes. Unicas. Imprescindibles.
Sin embargo, 30 millones de discos vendidos constituyen la prueba absoluta de que sus melodías funcionaron en las radios.
La generación del 80 festejó cada uno de sus hits y recibió con alegría sus nuevas canciones. Y lo que le faltaba a la banda en materia compositiva siempre fue compensado por la inmensa personalidad escénica de Michael Hutchence. 
El día en que el cantante se quitó la vida sentenció también la suerte de INXS que se apagó en la noche de los tiempos. Cuentan que aun siguen en la ruta pero sin Hutchence no tiene demasiado sentido. No artístico al menos.
Aunque algunas de sus canciones como “New Sensation”, "Suicide Blonde", "Bitter Tears" o "Disappear" permanecen en el recuerdo de los treinta y pico.


sábado, 13 de agosto de 2011

The Cure, como el cielo

Por Claudio Andrade

“Vos, suave y única/Vos, perdida y sola/Vos, extraña como los ángeles/bailando en los océanos más profundos/Chapoteando en el agua/eres como un sueño”
“Just like heaven” (“The Cure)
Una voz lástimosa y desgarrada, a punto de un paroxismo vocal que nunca llega, atraviesa la década de los 80. Es Robert Smith, el líder de “The Cure”, que no llora como un niño si no que se reinterpreta como un hombre justo después de la soberanía punk en Inglaterra.
Durante años “The Cure” fue un objeto de controversia para los especialistas del ramo: ¿cual era el casillero perfecto para una banda perfecta? ¿De dónde había salido este espasmo generacional que fusionaba agresividad, ironía y originalidad en su música y en sus letras?
“The Cure” obra sobre lo imposible. Su sonido provoca una herida suave, profunda y al mismo tiempo dolorosa. Sus canciones son la metáfora de una pena de amor que nos deja listos para la siguiente borrachera en memoria de quien no nos corresponde. O algo así. O muy parecido a todo eso.
Sus clásicos son nuestros. Pero las pruebas indican que esta banda seguira su curso por muchos años.

“Boys Don't I Cry” es el hit que los hizo estallar en las radios en nuestra adolescencia, pero lo mejor de lo mejor, la energía más pura y representativa de este conjunto inglés que parece no deberle nada a nadie, la encontraremos en “Close to me”, “Just like heaven” y “Lullaby”.

miércoles, 25 de mayo de 2011

True Story (o mas o menos)


Me la contó un periodista en la redacción de un diario porteño. Fue hace tantos años que en el intento por recuperarla tal vez fabule un poco.
Pero el tipo sabía de lo que hablaba y había estado durante un tiempo muy cerca de Luca Prodán.
Primer acto: Obras Sanitarias.
Mi colega vio uno de los mejores y más convocantes recitales de Sumo. Fue en Obras y de algún modo significó la consagración del grupo y de la figura de Luca.
Lleno total. Gruppies. Fanáticos. Locura. Delirio. Sagrada fiesta del rock. En el medio de la tormenta, a su pesar, Luca, ese italiano que había pasado por algunas de las mejores escuelas europeas y que ahora huía de la heroína en el sur del mundo, Argentina. Pero, como es de suponer, no podía correr tanto como para alejarse sí mismo.
Mi colega presenció el recital y una frase vino a su mente: “ya está, Luca es una estrella”.
Al día siguiente se lo cruzó en aquella plaza ubicada en las calles Paraguay y Callao, a 50 metros de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad del Salvador. Justo ahí, cuenta el mito, Luca cazaba sus palomas que luego cocinaba para sus amigos músicos.
Luca descansaba, según lo que puedo recordar del relato, en los escalones de la facultad o bien dormía en uno de los bancos de la plaza. No lo puedo jurar ahora. Pero dormía o dormitaba. Iba vestido como siempre, sin mayores lujos. Llevaba anteojos. Saco largo. Pasaba de todo. De todos.
Ayer una entrella hoy casi un linyera.
La frase se le vino abajo al periodista. La estrella había retornado a su curso natural: una fuerza que la conducía hacia los interiores del universo oscuro.




martes, 26 de abril de 2011

Lo mejor del tercer mundo



Tras la vuelta de la democracia, el Bajo de Buenos Aires, otrora terreno de cabarets, piringundines, percantas y gaviones, cedió su espacio a una buena parte de la movida under de aquellos años, cuyo ojo mayor era el inolvidable y mágico Palladium de Reconquista al 900, “lo mejor del tercer mundo” tal como se lo promocionaba al lugar. Un templo encantador surgido en los años de la nueva fascinación porteña pos dictadura, refugio de movidas creativas que emergieron sin pausa una vez roto el duro cascarón del huevo castrense. 
En Palladium se podría decir que nació el body paint, más bien el face-paint. En ocasiones, donde la consigna de la reunión no era lo más importante, manos maestras y pinceles inquietos maquillaban las caras de la fauna del lugar, para que terminaran conviviendo guasones, cíclopes, geishas y mefistos. Todo se transformaba en un carnaval sin importar termómetro ni calendario. 
Vivir el Buenos Aires de aquellos años posteriores al ’83, era entregarse en plenitud al descubrimiento, al halo innovador donde todo estaba por venir. El boca en boca era la herramienta de comunicación por excelencia. Una nueva cita pagana se promocionaba en la anterior y así. Sin encasillamientos ni intolerancias, ni tribus ni sectarismos. Era un tiempo demasiado virgen como para malgastarlo en fanatismos sin sentido. Se revelaban artistas brillantes, y otros no tanto, pero todo era diferente y original. Tiempos de misa con asistencia perfecta sin esfuerzos. Y cuando se anunciaba por ejemplo que los Redonditos de Ricota tocaban en Palladium, era una cita que no admitía ausencias injustificadas.
Patricio Rey presentó Oktubre el 18 y 25 de octubre del ‘86 en aquel templo del Bajo. La banda hacía ya un par de años había abandonado los pubs por problemas de capacidad, y no pasó mucho tiempo más para que lugares como Palladium o el Parakultural comenzaran también a quedarle chicos. Al menos eso pareció en la aquella primera noche, donde había algo de mil personas. O más. Pasó mucho tiempo ya. La verdad es que no era tan importante el número en sí. Cuando tocaban los Redondos, el cuerpo a cuerpo abajo del escenario, ya en aquella época, era una cuestión inevitable.




Cuando Palladium se vestía de fiesta, la estrecha calle Reconquista mutaba en peatonal, claro que de manera extraoficial. Los años no han logrado borrar la imagen del rojo, enorme e impiadoso bondi 115 que rezaba en el frente Retiro-Pompeya-, cuyo cromado y lustroso radiador esa noche pasó tocándole(me) el culo a todos los que pugnábamos por entrar al recital.
Terminada la lucha grecorromana de la puerta, la vida interior de un recital ricotero te hace olvidar las penurias al primer acorde. Ahí está el Indio Solari, con la silueta recortada gracias a un tacho de luz que sale cerca de la batería del ‘Piojo’ Avalos, los dos guitarristas de entonces, Skay Beillinson y Tito Fargo, espalda con espalda, la desgarbada figura de Semilla Bucciarelli, con su bajo, y el saxo de Willy Crook, que había reemplazado no hacía mucho tiempo atrás al Gonzo Palacios. Daniel Melero, alma mater de los primeros intentos de la música electrónica vernácula con Los Encargados, fue uno de los invitados de la noche. 
El lugar es un infierno (encantador). Los hits de las huestes ricoteras por entonces son La Bestia Pop y Semen-up, pero los temas ‘nuevos’ de Oktubre calzan sus propios resortes y la masa uniforme se mueve y salta en sincronía, como una coreografía ensayada. Y el calor, siempre el calor. La cerveza helada se terminó hace un buen rato, y la remera ya desde el tercer tema descansa anudada en la cintura del jean. Todo es fiesta y locura. El inconfundible timbre de voz del Indio llama por más y la gente responde. El combo desenvuelve por primera vez en vivo Preso en mi ciudad y Jijiji, y la premonición de que serán clásicos en el tiempo, asalta a más de uno. Todo es aún de entrecasa, gustoso, casi íntimo. La cuenta regresiva para disfrutar de los Redondos en versión artesanal, ha comenzado. Para mal de unos pocos y regocijo de muchos. Apenas tres años después tocarían para 25.000 personas al aire libre en Obras, y ya no habría vuelta atrás. 
Este célebre recital ha quedado registrado en un no menos célebre CD pirata de 16 canciones, que contiene temas de los 2 discos oficiales hasta ese momento, y también varias joyas que nunca formaron parte de la discografía ricotera oficial como De aquellos polvos futuros lodos, El regreso de Mao y Un tal Brigitte Bardot.




martes, 22 de marzo de 2011

Virus, los adelantados del rock


Una excelente banda que llegó a destiempo al rock argentino pos dictadura. Liderada por los hermanos Moura, Virus fue una banda irónica en épocas que el rock se ocupaba de temas sociales. Tiempos de Raúl Porchetto y Piero. 
Fueron románticos en épocas del desencanto dark. Siempre a contramano, demasiados modernos. Incomprendidos por años. 
Pero que lideraron junto a Soda Stereo la movida del rock a principios de los '80.




La imagen ambigua del grupo siempre motivó reacciones adversas de parte del público y también comentarios prejuiciosos por parte de la prensa. Alguna vez Marcelo Moura decía: "Federico (Moura) era homosexual, entonces naturalmente su estética era así. No es que quisiese promover o valorizar eso, simplemente actuaba como era. Y como Federico era el cantante, el que hacía las notas y el que más aparecía en televisión, era la imagen que representaba al grupo". (D.Riera / F.Sánchez, pág 70).




Esta banda platense debutó con "Wadu Wadu" (1981), pero fue "Agujero Interior" (1983) el primer disco en llegar a las masas cuando asumía Raúl Alfonsín. Con un estilo pop más tecno aparece "Relax" (1984) con baterías electrónicas y Midis con bases secuenciadas (todo una novedad para la época). En 1985 graban "Locura" en Nueva York y se transforma en el disco más vendido de Virus. Es el preferido de Federico. El más sexual, con temas como "Una luna de miel en la mano", "Pronta entrega" o "Sin disfraz".




Luego llegaría "Superficies de placer" (1987), el último trabajo de Virus. Porque Federico Moura se enfermó y le diagnosticaron HIV, una enfermedad de la cual todavía se desconocía casi todo. Marcelo decía en ese momento: "Se armó como una onda de desazón general. Lo que había sido un plan antiestrés (grabar en Brasil), terminó siendo lo más estresante del mundo. Terminamos el disco a las patadas; todos los valores se cambiaron de un día para el otro". (D.Riera / F.Sánchez, pág 163).




Virus es una de las grandes bandas del rock argentino y una de las influencias más importantes. Llegaron con una bocanada de frescura en tiempos duros. Le pusieron pimienta al rock nacional. Y lograron sólo en cinco años lo que muchos no pudieron en décadas. 


jueves, 17 de marzo de 2011

El rock en su forma de ser


AC/DC y Back in Black. Un par indisoluble que forma parte de la historia del rock. De una parte muy importante. Del rock en su forma de ser.
Y que el paso del tiempo no ha podido desteñir su oscura tapa ni la atmósfera que lo envolvió. Pero que sí pudo transformarlo en leyenda.
Leyenda que al igual que todo cuento tiene un comienzo triste. Y nada más triste que la muerte, en este caso de Bon Scott (primer vocalista del grupo).




Cuando parecía que la banda que mejor interpretaba el significado del rock and roll iba a perderse para siempre, en tan sólo cinco meses sanaron sus heridas y reaparecieron con un nuevo cantante y un magistral trabajo cargado de simbolismo llamado Back in Black. Claro, los hermanos Young tenían muchas cosas por mostrar y sobretodo demostrar que desde la desolación pueden surgir canciones inmortales y relanzar a una banda que pedía su trono a gritos. Gritos desgarradores en la voz de Brian Johnson. Una voz que de sólo escucharla te produce carraspera.




Este disco cuenta con 10 canciones. Algunas inolvidables como "Hells Bells", Shoot To Thrill", "You Shook Me All Night Long" y "Back In Black". Una de las mejores (esta última) canciones de la historia del rock. Con un riff sencillo que luego varía en uno más complejo, una voz que se impone de principio a fin en la canción. La batería con un peso estupendo, a tempo y el bajo siguiendo el ritmo conformando un conjunto que todo el mundo conoce.
Este "regreso en negro" marcó el inicio de una nueva etapa con Brian Johnson quien redondeó el sello característico de la música de AC/DC. Con más de 50 millones de copias vendidas que lo transformó en el segundo disco más vendido en la historia de la música (detrás de Thriller de MJ). Un dato poco común para una banda de rock. Con una crítica que fue calurosa pero a medida que pasaron los años revistas como Rolling Stone han modificado la nota del disco de una simple crítica favorable a 5 estrellas.




Hoy la fama de AC/DC sigue en ascenso porque conservan su frescura. Con un Brian Johnson quizá poseído por el espíritu de Bon Scott. Y con los hermanos Young como pilares de esta formación.
"Back in Black", uno de discos más grande del rock, en realidad el manual del rock.