Este pelirrojo bajito logró con su particular voz grave -propia de los cantantes melódicos de los '50- adueñarse de la escena musical a mediados de los '80.
De la mano -como siempre ocurre- de un excelente productor como Pete Waterman llegó al N°1 de los charts. Y se eternizó.
La gloria para Rick Astley fue la nada misma. La fórmula repetitiva de sus canciones terminó con el reinado del Principito. Pero un par de años le bastaron para hacer bailar a millones de personas alrededor del planeta. Y que sus temas -aún hoy- retumben en nuestros oídos.
